• Sellada, recirculación y ventanas cerradas: las claves del sistema passivhaus
  • Consume entre 80 y 120 kWh al mes, mucho menos que la casa media española (270)

Las casas pasivas son construcciones creadas con criterios bioclimáticos: en función del clima donde se encuentren y su orientación, se planifican de forma que mantenga una temperatura confortable en su interior durante todo el año sin necesidad de usar refrigeración o calefacción, con un consumo energético muy reducido.

El concepto nació en la Alemania de los años noventa. Se formalizó con la creación del Passivhaus-Institut, que emite las certificaciones oficiales para las construcciones que deciden contar con ella.

Sellar, recircular… y ventanas cerradas

Esta vivienda de dos pisos se encuentra en el interior de la provincia de Valencia, con un clima de contrastes cuya amplitud térmica llega a superar los veinte grados en verano, con temperaturas negativas y nevadas durante el invierno.

Esta vivienda es como un termo. El frío o el calor que hay no se va. La capa hermética es con yeso, aunque se puede hacer con otros materiales. Una de las claves de una casa pasiva es que esté bien sellada para evitar pérdidas de calor, eso incluye carpintería de calidad y cintas de sellado en ambas caras de las ventanas, con relleno de espuma interior para conseguir una hermeticidad completa de cada ventana; así como cualquier macarrón o cableado que salga por techo o paredes.

Varios detalles del aislamiento y el sellado durante la construcción de la casa.

En el exterior se ha usado hormigón celular en bloques de 42 centímetros, tanto como elemento estructural como elemento energético, ya que solo con él se cumple el criterio Passivhaus, sin necesidad de trasdosar revistiéndolo de otro material. Es un material muy ligero y aislante. Aquí merece la pena recordar que tradicionalmente en Europa hay básicamente dos zonas: la que aísla bien sus casas eligiendo buenos materiales, y la que no. España está en el segundo grupo.

Esencialmente, la casa es como un contenedor en cuyo interior recircula el aire. Hay boquillas de aire en los techos de todas las estancias. En todas echan aire que proviene del recuperador de calor (el pulmón de una casa pasiva) salvo en las estancias húmedas (baños, cocina y lavadero), donde lo absorben.

El recuperador de calor emite un flujo de aire continuado pero muy leve por toda la casa. E intercambia los flujos: si en invierno el aire entra a 8ºC y el de dentro sale a 21ºC, ese intercambio provoca que el que entra ya no llegue a 8ºC, sino a 16ºC o 17ºC.

El recuperador de calor, cerrado a la izquierda, y abierto a la derecha, con Alejandro mostrando uno de sus filtros.

La boquilla exterior.

Esta recirculación del aire implica que el aire que entra en la casa se climatiza con el que sale de ella. La consecuencia es que dentro de la casa siempre se está confortable. En los días más duros de invierno, a unos 18 o 19ºC como mínimo. En verano, como máximo, a 26ºC según nos muestra en las estadísticas históricas de su panel de control doméstico. En invierno vas bien en mangas de camisa o con un pijama fino, no necesitas ni manta para estar en el salón. En verano entras y se está bien, se está fresco.

Un punto crítico en el sellado de la casa está en la campana extractora de la cocina, que pudimos probar. Funciona con carbón activo en su interior (hay alternativas como el plasma) para filtrar el aire, que lo lleva directamente al sistema de recirculación. Para una casa pasiva hay alternativas más asequibles y similares a las campanas tradicionales, con una salida al exterior distinta que solo saca aire cuando se activa el extractor. Cuando no está activo, se cierra herméticamente con una válvula antirretorno.

La campana extractora, que filtra el aire con carbón activo y lo lleva al sistema de recirculación.

El sellado implica que las ventanas pueden abrirse, pero no hace falta porque la casa siempre está fresca por dentro, con el aire limpio. No se requiere ventilar, el aire nunca se vicia. Es algo que llama la atención de primeras pero que tiene sentido térmico: cuanto más se abran las ventanas, más calor se estará dejando escapar.

Hay detalles como el de un voladizo en el exterior de la casa sobre el que Alejandro pone unas velas de tela durante los meses de verano para hacer sombra en la terraza, y no solo en la terraza: en las ventanas. Con algo tan simple, reduce la incidencia directa de luz solar sobre esas ventanas del piso de abajo. Y por tanto, reduce en 1,5 grados su temperatura interior durante el verano.

Sobre la temperatura, cuando la gente entra en verano, cree que el aire acondicionado está puesto, pero no lo está. Además, la humedad siempre se mantiene entre el 40% y el 60% gracias al recuperador de calor, el rango más confortable, lo que refuerza la sensación agradable en el interior.

Las claves del Passivhaus se pueden resumir en sus cinco principios:

  1. Aislamiento continuo
  2. Hermeticidad continua
  3. Ventilación con recuperador de calor
  4. Eliminación de puentes térmicos (zonas de la fachada o el tejado que transmiten más fácilmente el calor, como cajas de persianas o cristales finos)
  5. Carpintería exterior

Los costos

El consumo energético de esta casa de doscientos metros cuadrados, donde viven cuatro personas en dos pisos y se está confortable durante todo el año sin necesidad de refrigerarla ni caldearla, es de entre 80 y 120 kWh al mes.

Por comparar, un hogar español promedio consume unos 270 kWh al mes. Y eso que el hogar español promedio ni es una casa unifamiliar ni tiene doscientos metros cuadrados. El recuperador de calor, pulmón de este hogar, ha consumido 3,40 euros en los últimos 30 días según el historial de la aplicación de control energético. La aerotermia tiene un coste de 25 a 30 euros en los meses fuertes.

Consumo en tiempo real y acumulado del recuperador de calor.
Detalles de temperatura, humedad y calidad del aire en la casa.

En cuanto a la instalación, el recuperador de calor (que cuesta unos 5.000 euros, y 2.000 euros más la instalación de conductos por toda la casa) es recomendado aunque no se busque una Passivhaus, simplemente por confort y reducir el consumo energético, pero que a menudo es lo primero que un comprador quiere descartar cuando intenta reducir costes.

Y luego está el costo de la instalación en sí. «En torno a un 6% o un 8% de sobrecosto respecto a una casa tradicional que cumpla lo mínimo del Código Técnico. Aunque una casa pasiva tiene un componente que es casi imposible cuantificar: el confort. Siempre se está bien aquí dentro, el aire es de buena calidad y para el tema de alergias también está muy bien. Un confort así saldría por muchísimo dinero, ir enfriando y calentando continuamente.

A partir de ese 6-8% de sobrecoste hay que calcular el tiempo de amortización que tendría contando con el ahorro energético, si bien, como dice Alejandro, no es del todo comparable por el confort que añade la casa pasiva.

Esta casa pasiva ha tenido un coste de 1.200 euros por metro cuadrado, aunque como en toda construcción, subir o bajar esa cantidad depende de lo que se pueda y quiera permitir el comprador. La más barata que ha hecho Alejandro costó 850 euros por metro cuadrado en una sola planta de 140 metros cuadrados.

Luego esté el tema de la certificación, el sello oficial Passivhaus. Cuesta entre 2.500 y 3.000 euros, y se deben pasar unas pruebas periódicas durante el proceso de construcción de la vivienda, incluyendo el cálculo energético del programa de la casa, así como una prueba de presión y depresión de la vivienda, tanto a mitad de obra como al final, para ver sus filtraciones.

Las pruebas para la certificación Passivhaus.

El papel son 2.000 euros, la placa 500 euros. ¿Es necesario este certificado? Si la construcción se ha hecho siguiendo todas las directrices, nada cambia entre tenerlo o no tenerlo cuando hablamos de una vivienda particular. Sin embargo, es posible que con el certificado, la casa pueda revalorizarse un poco más. En el caso de negocios, como hoteles o casas rurales, el certificado tiene mucha más importancia.

Auge

Los principios básicos de una casa pasiva, como tener en cuenta las orientaciones, dónde ubicar las estancias en base a esas orientaciones, proteger las ventanas del Sol y hacer que en invierno ese Sol caliente la vivienda son cosas que se deberían hacer, aunque no fuese Passivhaus; seguro que los arquitectos más antiguos tenían más en cuenta eso que muchos de ahora mismo.

Otra pregunta habitual sobre las casas pasivas es si es posible hacerlas reformando una construcción ya hecha, o si solo se puede hacer construyéndola desde cero. La respuesta es que sí, se puede reformar una casa para hacerla pasiva, pero se podrá jugar menos con factores clave como la orientación, por ejemplo. El coste puede oscilar entre un 6% y un 15% adicional aproximadamente respecto a una reforma hecha siguiendo únicamente el Código Técnico. Al estándar de Passivhaus para rehabilitaciones se le conoce como EnerPHit.

También es habitual preguntarse si un piso puede ser una vivienda pasiva. La respuesta también es afirmativa. Pero si es un piso entre medianeras seguramente no vas a poder tener las orientaciones deseadas para obtener tanta energía del sol en invierno.

Fuente: xataka.com

Por jfish

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *