Con aires escandinavos y una atmósfera relajada, esta casa minimalista es el sueño hecho realidad de las casas de descanso.

Al crear esta hermosa casa minimalista en Galicia, estas palabras fueron una clave de inspiración: “No tienes un problema de caracoles, sino falta de patos o gallinas”. Lo dijo Bill Mollison, creador de la permacultura, y viene a decir algo tan obvio y a la vez olvidado como que es mejor vivir con la naturaleza, adaptarse a ella, en lugar de ir contra ella. Y esto se logró al crear una vivienda con personalidad propia y a su vez integrada totalmente en su entorno en forma de esta casa minimalista de descanso.

Cachons, que significa “donde emana agua”, se caracteriza por ser una aldea de casas tradicionales, rotundas pero compactas, con pocas ventanas para protegerse de las inclemencias del tiempo y con los muretes de piedra y las parras de vino como seña de identidad. Lejos de seguir la misma pauta, el estudio de arquitectura Arrokabe decidió arriesgar, apostando por una construcción contemporánea y un tanto abstracta que, sin embargo, parece que siempre ha estado ahí.

El huerto, protagonista

Los propietarios, una pareja joven de ingenieros que acababan de ser padres, tenían muy claro los objetivos de la vivienda. Querían que fuera una passivhaus y que les permitiera vivir de acuerdo a la permacultura. Esta filosofía de vida sostenible se basa en imitar cómo se organizan los ecosistemas naturales y trata de ser lo más autosuficiente posible.

Ello implicaba una zona importante de huerto, que fue lo primero que se definió en la parcela y que determinó la localización posterior de la casa. El único problema que surgió en este inicio fue la tierra. “Las tierras que son buenas para cultivar no lo son tanto para construir porque son muy blandas, por lo que hubo que crear una gran losa que, de alguna forma, flota sobre la superficie y sustenta la casa”, dice Iván Andrés, uno de los fundadores de Arrokabe.

Una casa pequeña que parece más pequeña

“La escala de la vivienda es muy ajustada, de apenas 100 metros en total. Si hubiera tenido un volumen mayor, no hubiera funcionado en el entorno —añade Andrés—. Asimismo, la casa se va adaptando a las mismas curvas del terreno, como una especie de abanico, lo que nos permitió contar con una buena distribución. Esta forma, además, crea una especie de juego visual porque nunca tienes una visión completa de la casa, lo que hace que la casa te parezca más pequeña”, explica el arquitecto.

En la planta baja, de 72 metros cuadrados útiles, se encuentra el apartamento con cocina y salón unidos y dos habitaciones. En la planta superior se creó un espacio libre de 30 m2 que sirve de zona de juegos, para practicar yoga, como despacho, etc. y que en un futuro se podría compartimentar. “La zona delante del salón está hoy totalmente cubierta de vegetación, lo que protege del sol en verano y da continuidad al paisaje”, dice Andrés.

Inspiración escandinava

Como sus vecinas, la vivienda sigue viéndose como una pieza geométrica compacta y de aspecto masivo, con una cubierta a dos aguas típica de la zona, solo que en esta caso, la estructura se ha llevado a cabo de madera y recubierto de una teja de cerámica plana, que nos recuerda mucho a las construcciones del norte de Europa. Uno de los detalles que más nos gustan es ese espacio intermedio acristalado, de transición entre el exterior y el interior, perfecto para descalzarse y dejar los chubasqueros.

En el interior, los muros se construyeron de hormigón, “un material que tarda mucho en calentarse pero que también tarda en perder la temperatura, por lo que son perfectos para evitar cambios bruscos”. El hormigón junto a la madera en los techos, la escalera y los muebles crea un juego de texturas dinámico y muy cálido, muy reconocible en los proyectos de Arrokabe.

A la altura de los estándares alemanes

“Los clientes no solo querían que la vivienda funcionara como una passivhaus, querían que tuviera el sello alemán que la certifica como tal y eso exigía cumplir unos estándares muy rigurosos”, explican desde Arrokabe. El estudio de arquitectura es ya conocido precisamente por sus proyectos de consumo casi nulo y el uso de la madera, tanto en estructuras como en revestimientos, es parte de su identidad. Sin embargo, conseguir el sello Passivhaus -esta vivienda ha sido una de las primeras en lograrlo en Galicia- suponía ir un paso más allá.

“Para conseguirlo, tienes que tener unos niveles de aislamiento altísimos y, a su vez, estos aislamientos deben estar protegidos para que no pierdan sus características. Además, debes evitar los puentes térmicos, es decir, que haya zonas con distintas temperaturas e incluir un intercambiador de aire que permita limpiar el aire del interior y calentar y quitar humedad al que viene de fuera. Con ello, se consigue una vivienda que nunca bajará de 19 grados y que llega fácilmente a 21 con el sol o, en caso de días nublados, con una pequeña resistencia eléctrica”, explica Andrés. Y termina: “lo mejor del proyecto fue ver a todo el equipo, la constructora, los carpinteros, etc. tan implicados en conseguir los mejores estándares. Realmente ha sido un salto cualitativo en nuestra forma de trabajar”.

Fuente: admagazine.com

Por jfish

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