Una familia santafesina se comprometió con un modo de vida ligado a la sustentabilidad. Desde la construcción de la casa al reciclado del agua y la basura, con pasos sencillos que pueden marcar una gran diferencia.

Una mirada distinta

Gonzalo nació en la provincia de La Pampa, hizo la secundaria en San Rafael (Mendoza) y se graduó como ingeniero agrónomo en 2001, un año después que la ONU decretara el año del desarrollo sostenible. El concepto de la arquitectura bioclimática le «prendió la lamparita» sobre la simbiosis que pocos perciben entre la agronomía y la arquitectura, con valores ligados a la ecología, el sol, el ecosistema y el Carbono.

En 2006 viajó a Nueva Zelanda para su tesis de grado, y luego surgió la posibilidad de una beca de doctorado en Bélgica para profundizar sus conocimientos del ciclo del Carbono, analizando la biomasa con árboles para generar bioenergía, logrando así su maestría en Ciencias del Suelo.

La vivienda se emplaza en el centro del ejido urbano, en el casco histórico de la ciudad de Santa Fe.

«Me encontré con una sociedad muy avanzada en temas ambientales», le confesó a Nosotros. «La prioridad del sistema de transporte allá la tiene la bicicleta; luego el transporte público; y por último (y bien lejos), el auto», agregó. «Las pilas o los vidrios no los podés tirar a la basura», ya hasta te pagan para que vayas a trabajar en bicicleta», graficó.

En 2014 vuelven a Argentina con Fernanda, y en 2020 después de mucho esfuerzo, logran comprar su casa. Pero el desafío recién empezaba.

«En un ecosistema todo se recicla y hay una evolución constante. La casa vieja debía morir y una casa nueva debía nacer», recuerda. Y para eso se plantearon arrancar de cero, priorizando los aspectos culturales, incorporando elementos lo más artesanales posible: carpinteros, herreros y albañiles locales; pisos calcáreos, y aberturas, maderas y chapas recicladas. «Hoy todas las casas son iguales. Como la agronomía (3 cultivos y 5 bidones), cuando la realidad es mucho más que eso», compara Gonzalo.

Los 5 elementos

Agua, energía, geotermia, materiales y basura, constituyen los pilares de esta reconstrucción «existencial» que marca la diferencia. Con respecto a la primera, plantearon como premisa la eficiencia en el uso; aprovechando el agua de lluvia con un reservorio (pileta) y para el funcionamiento de los inodoros, reservando el agua potable sólo para las duchas y la cocina. Además, un lavaplatos ecológico que usa poca agua. Esto requirió el desarrollo de dos circuitos paralelos, que generó varios dolores de cabeza a los constructores.

En cuanto a la energía, se propusieron aprovechar la luz solar a través de ventanas grandes y (por ahora) 6 paneles solares que cubren la mitad de la demanda de la casa (300Kwz), sin los cuales gastarían el doble. Además, simples aleros, que de noviembre a marzo atajan el inclemente sol santafesino.

Por su parte, la calefacción se hace con zócalos radiantes a través de un termotanque eléctrico, mucho más económico que una caldera tradicional, llegando calor a los dormitorios y el comedor.

La geotermia se diseñó a través de un convenio con la FADU (UNL) con quienes planificaron en conjunto las cañerías por debajo de toda la casa, y un «aire acondicionado» natural, con un circuito que inyecta aire fresco desde el jardín. El sistema se completa con una heladera moderna de bajo consumo.

Además, se plantearon un manual de Buenas Prácticas Constructivas, a través del reciclaje de los escombros, pedir facturas y seguros a cada uno de quienes intervinieron en el proceso.

En cuanto a los materiales, se propusieron reducir al mínimo el uso de los materiales, recuperando la mayor cantidad de lo ya existente, local y artesanal apoyando a los artistas, artesanos locales.

Por último, la basura. La basura es solo del 4% del consumo promedio, tiran 30 gramos por persona por día. Sacan 350 gr 3 veces por semana. El uso de bolsas recicladas, la compra de alimentos a granel (sin envoltorios de plástico), la elección de materiales durables, son claves tan sencillas como efectivas.

Un caso de estudio

Las ideas revolucionarias que se plantearon implicaron desafíos académicos para la arquitecta, María Victoria Alconchel, quien tuvo que «deconstruir» sus conocimientos tradicionales para sumarse a la idea y alcanzar el objetivo.

Al punto que su trabajo lo volcó luego en un trabajo que se publicó con el título: «SOSTENIBILIDAD URBANA. Experiencia de rehabilitación residencial». Allí se presentó la experiencia de reutilización de una construcción preexistente, como operación tendiente a construir ciudades más sostenibles y más eficientes en términos ambientales.

En ese sentido, explicó que hoy resulta indispensable una arquitectura de la vivienda «en la que el objetivo de la sostenibilidad no sea un añadido, sino una manera de pensar el proyecto. Debemos recuperar tradiciones vernáculas y modernas que ya han aportado soluciones comprobadas. Y, sobre todo, comprender la relación primordial de la arquitectura con el tejido urbano y paisaje».

Muchos ven a las ciudades densamente pobladas como lugares en donde hay inseguridad, contaminación, enfermedades, y en general las perciben contrarias al desarrollo amigable con el medio ambiente. Pero lo cierto es que los espacios urbanos de gran densidad poblacional pueden ser más sustentables que los suburbios o áreas rurales cuyos hogares están separados por grandes distancias.

Según especificó, las ciudades con espacios de usos mixtos tienen los recursos más cercanos entre sí: hogar, trabajo, escuela, espacio público, salud, comercio, etc. «Esto las hace más eficientes gracias a que tienen menores costos de transporte, además de equipamientos y servicios públicos que permiten ahorrar muchos recursos». Y detalló que las personas encuentran cerca de su vivienda todo lo que necesitan e incluso trabajo, por lo que no tienen que invertir parte del tiempo del día desplazándose en transporte público o de forma particular. Además, se hace más viable que las personas caminen, usen una bicicleta o medios de movilidad similares.

En cuanto a los materiales, se propusieron reducir al mínimo el uso de los materiales, recuperando la mayor cantidad de lo ya existente, local y artesanal apoyando a los artistas, artesanos locales.

Localización urbana

La vivienda se emplaza en el centro del ejido urbano, en el casco histórico de la ciudad de Santa Fe, se reconstruyó una vivienda existente en un proceso de rehabilitación urbana. Se desarrolla dentro de una propiedad horizontal y comparte espacios con otra vivienda y local comercial.

En cuanto a los valores de proximidad, su localización permite realizar el máximo de actividades cotidianas en distancias recorribles a pie o en bicicleta, tales como el transporte público, las compras cotidianas, la escuela, el trabajo, un centro médico, ocio y deporte y los equipamientos de barrio.

Según destaca la arquitecta en su publicación, en relación con el espacio público, la vivienda tiene acceso directo a la calle y se encuentra a muy poca distancia de importantes espacios públicos que posee el barrio: plazoletas, parques, plazas y equipamientos. Y dispone de espacios intermedios (garaje y galería) cuyos usos se van configurando cada día en función de las actividades, el clima y la luz natural.

«La solución para afrontar la diversidad necesaria de esta vivienda radicó en el desarrollo de mecanismos de flexibilidad. Uno de ellos es la des–jerarquización en la cual la vivienda hace visibles las tareas domésticas dándoles el espacio necesario y entendiendo que estas zonas deben permitir el uso compartido», sostiene Alconchel. «La integración de la cocina y el comedor separado del living da la posibilidad de tener dos espacios comunitarios para el grupo. Y el baño sectorizado (no exclusivo para ningún dormitorio) permite ahorrar espacio y favorecer la máxima posibilidad de usos simultáneos».

En relación con los espacios de trabajo, los nuevos medios técnicos y las nuevas estructuras laborales han producido que la casa se vuelva a considerar como un posible lugar de trabajo remunerado, estudio u oficina.

Para ello, la casa propone un espacio acogedor en el altillo con las condiciones necesarias para desarrollar este tipo de actividades. Por otra parte, en cuanto a los espacios de almacenamiento, se piensa áreas de guardado suficientes, considerando las características de los elementos a almacenar para ofrecer soluciones diferenciadas.

A prueba de Santa Fe

En relación con el aprovechamiento pasivo, la vivienda se proyectó para amortiguar el calor del verano y el frío del invierno de manera pasiva. «Se consideró la conveniencia de las mejores orientaciones (norte/este), la ventilación cruzada de los ambientes, el ingreso de luz natural y el asoleamiento de los espacios. Se hizo especial hincapié en la adecuada aislación de fachadas y cubiertas más la presencia de aleros, galería y patio de luz como reguladores térmicos».

En cuanto a la eficiencia energética, la casa logra el ahorro de agua, la eficiencia térmica y el ahorro de electricidad. Posee un sistema de suministro propio de energía solar que permite generar excedentes para contribuir al sistema integrado de energía y conexión para auto eléctrico. Posee un sistema de calefacción por zócalos radiantes ubicados estratégicamente debajo de las ventanas para lograr reducir el consumo y aumentar el confort térmico.

En coincidencia con Berhongaray, Alconchel reconoce que el proceso de construcción se pensó con criterios de sostenibilidad y gestión de residuos y reciclaje. «Los materiales se compraron en proveedores locales y de industria nacional, y se seleccionaron productos durables con altos estándares de calidad que aseguran su durabilidad y bajo reemplazo. El 50 % de los productos de madera y chapa fueron recuperados de la edificación anterior y el 100 % de las aberturas fueron rescatadas de la misma o de otras demoliciones. Durante la obra se evitó al máximo la generación de residuos, y el 80 % del material de desecho de la construcción fue reutilizado para relleno sanitario».

Con satisfacción, la arquitecta reconoce que esta propuesta tiene la impronta de las construcciones industriales: exteriores con ladrillos vistos, ventanas de vidrios repartidos, columnas de hierro y revestimientos en chapas que rememoran los edificios ferroviarios, muy presentes en la cultura de la ciudad. «Se buscó generar calidad espacial, profundidad visual, fluidez e intimidad».

Todos los ambientes nuevos de la vivienda disponen de iluminación natural, imprescindible para la calidad de vida y el ahorro de energía. Asimismo, se incorporó una entrada de luz cenital sobre la escalera para suplantar la ausencia de aberturas hacia la medianera. En relación con las alturas, la vivienda posee una distancia entre niveles mayor que la convencional e introduce espacios a doble altura, junto al altillo como área de trabajo o estudio.

En cuanto a la adecuación medioambiental, la rehabilitación «mejora el aislamiento térmico de fachadas y cubierta, se aportan dispositivos de ahorro de energía, se potencia el reciclaje de materiales y residuos y se reutilizan elementos constructivos. La propuesta realiza una adecuación de los nuevos espacios a la normativa vigente: retiros de medianeras, medida de locales, alturas reglamentarias, superficie construida, superficie impermeable, etc».

A simple vista, una vivienda normal. Para el ojo avezado, un sistema de construcción y de vida que marca la diferencia de las sociedades avanzadas, en la que nos podemos transformar con muy poquito, cada día, y a conciencia.

Fuente: ellitoral.com

Por jfish

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