La agrovoltaica, una tecnología que permite instalar placas solares sobre terrenos cultivables, aumenta el rendimiento de las cosechas al regular la cantidad de sol que reciben y reducir la evaporación de agua, mientras genera energía renovable

Unir agricultura y energía solar es fácil lingüísticamente. Basta con unir un prefijo y un sufijo para crear la agrovoltaica, un concepto que promete elevar el campo a otra dimensión. Lo complejo llega cuando esa alianza se quiere trasladar al terreno. Pero a tenor de las primeras experiencias, la comunión es posible y el resultado, satisfactorio. La agrovoltaica consiste en instalar paneles fotovoltaicos por encima de superficies cultivables para darle un doble uso al suelo. Se trata de colocar placas solares en forma de dosel, de tal manera que por debajo se extienda un viñedo o una plantación de aguacates.

La tecnología aporta en la teoría múltiples ventajas. Aparte de la evidente generación de energía renovable, los paneles móviles crean sombra en momentos de excesiva radiación, reducen la evaporación del agua y protegen los cultivos de heladas o lluvias fuertes. La calidad y cantidad del fruto aumenta, por lo que el agricultor obtiene un mayor ingreso por las cosechas. La energía que producen las placas permite a los productores reducir costes y alcanzar la autosuficiencia, gracias a la creación de puntos de carga en los que conectar las cámaras frigoríficas donde se almacenan las cosechas. Las renovables crecen y el agricultor sigue labrando la tierra, lo que garantiza su sustento y reduce la dependencia alimentaria con el exterior.

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El Instituto Fraunhofer ISE, que está radicado en Friburgo (Alemania), cuenta con 1.400 profesionales dedicados a la investigación de energías renovables, con especial atención a la solar. Publicaron un estudio hace dos años en el que se arrojaban los resultados de un proyecto de agrovoltaica en Baden-Württemberg (sur de Alemania). La eficiencia del uso del suelo en una plantación de patatas que contaba con doseles de placas solares alcanzó el 186%. Es decir, casi se está doblando el rendimiento del suelo sin dejar de lado al agricultor, el actor principal en última instancia.

Proyecto piloto en Aranda de Duero

En España ya se están dando pasos en el desarrollo de esta tecnología. Powerful Tree, una startup con sede en Vitoria dedicada a la investigación e implantación de la energía agrovoltaica, se ha aliado con Repsol para poner en marcha un proyecto piloto en unos viñedos en la Escuela de Enología San Gabriel, en Aranda del Duero (Burgos). Consiste en estudiar variables cambiantes, como la radiación solar o la pluviosidad, y fijas, como las características de la tierra, y desarrollar modelos para replicar esta tecnología en otras latitudes y en otros cultivos. Según Inmanol Olaskoaga, director general de Powerful Tree, frutales como el higo o el albaricoque, o especies tropicales como el mango o la papaya –cultivos que dan frutos por los que se obtiene un precio alto– son los que más beneficios obtienen si se regula la cantidad de sol recibida.

Olaskoaga afirma que la revolución todavía no se ha dado en el campo comparado con el mundo industrial. Este ingeniero se refiere en parte a esta nueva tecnología y a la sofisticación de los empleos que puede desencadenar. En el caso de los viñedos, los enólogos trabajan con ingenieros, expertos en datos y matemáticos para decidir, basado en mediciones de temperatura o la transpiración de la planta, cuándo y por cuánto tiempo las placas se tienen que abatir para crear sombra en la parte baja, donde se encuentran los racimos, o girarse para que reciba la radiación total. El funcionamiento de los paneles instalados es el mismo que el de los de cualquier parque fotovoltaico.

Alberto Tobes es el director de Experimentación del Consejo Regulador de Ribera del Duero. Este ingeniero agrónomo encuentra positivo dar sombra a los viñedos algunos días del año debido a los veranos tan extraños que estamos teniendo, con temperaturas tan elevadas. Torbes explica que el metabolismo de la planta se detiene cuando el calor es extremo, lo que provoca que las uvas maduren de forma más lenta. Torbes también señala la ventaja de proteger las vides cuando hiela. Son unas décimas de diferencia que te condenan o te salvan. El experto de Ribera del Duero destaca el valor añadido que estas tecnologías aportan a las bodegas porque ser autosuficiente energéticamente resulta positivo para vender más.

Esta tecnología incipiente cuenta con el beneplácito de Jacobo Feijóo, de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Vale la pena que se le dé la oportunidad, que se vaya testando. Existe la posibilidad real de crear sinergias en el campo. Además, la implantación de la agrovoltaica implica procesos de automatización que van a requerir expertos en recogida de datos o en sensórica. “El mundo rural necesita atraer talento de forma perentoria”, asegura Feijóo. “Hay que explotar esa necesidad.

Olaskoaga añade que la generación de empleos cualificados y con buenas condiciones va a contribuir no solo a que se fije población en el entorno rural sino que resulte atractivo para nuevos perfiles. Las decisiones en el campo se toman basadas en la medición de los sensores instalados en las parcelas. La inteligencia artificial, con el tiempo, hace el resto. Se recaba información para que cada vez se necesiten realizar menos pruebas piloto. El objetivo es desarrollar un modelo que permita replicar lo experimentado con éxito en Aranda del Duero a otros lugares con condiciones meteorológicas diferentes, como Jumilla (Murcia), por poner un ejemplo. El algoritmo aprende, digamos.

La iniciativa piloto con el colegio San Gabriel va a contar a partir del año que viene con una titulación de formación profesional para que de sus aulas salgan los futuros expertos en agrovoltaica con el objetivo de dar oportunidades al mundo rural. Se formará a trabajadores encargados del montaje, la puesta en marcha y el mantenimiento de la agrovoltaica. El campo crece hacia arriba.

Fuente: el país

Por jfish

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