Abordar el diseño de los espacios de la casa a partir de las sensaciones y las emociones es hoy una de las tendencias más evidentes en el diseño residencial.

Numerosos arquitectos abogan por una manera de diseñar viviendas donde lo fundamental es contar una historia: la de las personas que van a vivir en ellas (y no la del arquitecto que la diseña).

Las emociones como base sobre la que construir una historia propia

Las emociones son la base de los proyectos del arquitecto Javier San Juan y la interiorista Mar San Juan, cofundadores de lado blanco arquitecturas. «Tratamos cada proyecto de manera global: desde la psicología y la relación entre las personas que habitarán el espacio. También nos interesan especialmente la biofilia, el concepto de bienestar, incluso el Feng shui: en definitiva, todas las técnicas que nos hagan construir la historia que el cliente nos cuenta y no nuestra historia» comentan.

¿Por qué se demanda cada vez más una forma de diseñar basada en las emociones? En un momento en el que todo se acelera y deshumaniza, Javier asegura que se valoran diseños basados en aspectos que nos anclan a sentimientos fuertes, como los que tienen que ver con la familia, nuestros seres queridos o amistades.

«Cada uno se siente bien de una forma y nuestro trabajo es averiguar cuál es el propósito de quien se construye algo, qué le apetece, qué le hace feliz, que espacios necesita para conseguirlo», comenta el arquitecto, que asegura que conceptos como bienestar o biofilia son importantes dentro de la idea de arquitectura emocional.

La relación con la naturaleza y con lo que nos rodea

Efectivamente, en los últimos dos o tres años no hemos dejado de oír términos como biofilia y bienestar asociados al diseño de espacios.

La relación con lo que nos rodea es una de las grandes tendencias en la decoración del hogar desde la pandemia. Concretamente, lo vemos en el interés por motivos botánicos, por ejemplo.

También en el auge del uso de materiales naturales en los revestimientos y de una decoración más maximalista en la que las pequeñas imperfecciones no se entienden ya como algo negativo, sino como un aspecto positivo que tiene que ver con dar forma a espacios vividos que cuentan nuestra historia. Pero hay más…

‘Hygge’, ‘lagom’, ‘wellbeing’…

Seguro que también has oído todos estos términos; los dos primeros asociados al diseño nórdico.

Son formas de entender la decoración de la casa que giran en torno a la idea de encontrar el balance justo entre el color, las texturas y otros elementos que tienen que ver con lo que sentimos en nuestro hogar.

Pero…, ¿pueden las emociones resultar abrumadoras y dar como resultado que quien habita un espacio se canse antes de él? Para Javier San Juan, diseñar desde las emociones no tiene nada que ver con radicalizarlas, «sino con escuchar y dar forma a espacios agradables, acogedores, sostenibles y adaptados a quien los habita y a cómo desea vivir allí».

El arquitecto cree que el hogar, entendido como un refugio y un lugar de descanso, ha de ser un lugar que nos acoja y nos proteja y despliegue sensaciones positivas y que nos hagan sentir bien. «Efectivamente, las emociones son cambiantes, pero cuando consultamos a nuestros clientes como se quieren sentir, el 100% responde que necesita un lugar en calma, amable y cercano con los suyos», dice.

Emoción sí, pero de la mano de la funcionalidad

En resumen, nuestra casa debe responder a lo que realmente necesitamos. Para el arquitecto, no está reñido que un espacio nos emocione y que a la vez sea funcional. «La emoción y la función han de coexistir. Se trata de buscar el contacto con el aire; con el sol (mediante terrazas y espacios abiertos); diafanidad y calidez (mediante la iluminación y texturas) y, al mismo tiempo, que los recorridos sean eficientes, que la ergonomía este presente y que las instalaciones sean eficientes y confortables», concluye.

Fuente: arquitecturaydiseno.es

Por jfish

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